martes, 19 de agosto de 2014

El propósito de mi vida es ser miembro de la familia de Cristo, ser un modelo de su carácter, ser un ministro de su gracia, ser un mensajero de su palabra, y ser un magnificador de su gloria

Declaración detallada de propósito de vida,


Es útil tener una declaración más corta o slogan que resuma los cinco propósitos de su vida de una manera que sea memorable y que lo inspire. Entonces podrá recordárselos diariamente.
Salomón aconsejó, "Será bueno mantener estas cosas en la mente para que estés listo para repetirlas."

Aquí tiene algunos ejemplos:

* "El propósito de mi vida es adorar a Cristo con mi corazón, servirle con mi molde, tener comunión con su familia, crecer como él en carácter, y cumplir su misión en el mundo para que él reciba gloria."

* El propósito de mi vida es ser miembro de la familia de Cristo, ser un modelo de su carácter, ser un ministro de su gracia, ser un mensajero de su palabra, y ser un magnificador de su gloria."

* "El propósito de mi vida es amar a Cristo, crecer en Cristo, compartir a Cristo, y servir a Cristo a través de su iglesia y guiar a mi familia y a otros a que hagan lo mismo.

* "El propósito de mi vida es hacer un gran compromiso al Gran mandamiento y a la Gran Comisión."

* "Mi meta es ser como Cristo; mi familia es la iglesia; mi ministerio es___________; mi misión es___________; mi motivación es la gloria de Dios."

Quizá se pregunte, "¿Y qué de la voluntad de Dios para mi trabajo o para casarme o acerca de dónde debo vivir o ir a estudiar?" Francamente estos son sólo asuntos secundarios en su vida, y pueden haber muchas posibilidades que estarían todas dentro de la voluntad de Dios para usted. Lo que más importa es que cumpla los propósitos eternos de Dios independientemente de dónde viva o trabaje o con quién se case. Esas decisiones deberían de apoyar sus propósitos.

La Biblia dice, "El corazón humano tiene muchos planes, pero el propósito del Señor es lo que prevalece."

Rick Warren

Religiosos coreanos “regalan” al Papa Francisco 3.7 millones de decenas del Rosario y 118 mil ayunos


sábado, 16 de agosto de 2014

La fórmula de la felicidad

10 CONSEJOS DEL PAPA FRANCISCO PARA SER FELIZ

¿Cuál es la fórmula de la felicidad?, preguntó el periodista. Y explica: “no esquiva la pregunta, y entonces el Papa argentino, en esta respuesta puntual y en el resto de la charla, se anima a ensayar una receta para ser feliz”.

“He aquí diez elementos de esa pócima que parece inalcanzable, pero que Francisco convida”, introduce Pablo Calvo.

1. Viví y dejá vivir: “Acá los romanos tienen un dicho y podríamos tomarlo como un hilo para tirar de la fórmula esa que dice: ´Anda adelante y deja que la gente vaya adelante´. Viví y dejá vivir, es el primer paso de la paz y la felicidad”.

2. Darse a los demás: “Si uno se estanca, corre el riesgo de ser egoísta. Y el agua estancada es la primera que se corrompe”.

3. Moverse remansadamente: “En Don Segundo Sombra hay una cosa muy linda, de alguien que relee su vida. El protagonista. Dice que de joven era un arroyo pedregoso que se llevaba por delante todo; que de adulto era un río que andaba adelante y que en la vejez se sentía en movimiento, pero lentamente remansado. Yo utilizaría esta imagen del poeta y novelista Ricardo Güiraldes, ese último adjetivo, remansado. La capacidad de moverse con benevolencia y humildad, el remanso de la vida. Los ancianos tienen esa sabiduría, son la memoria de un pueblo. Y un pueblo que no cuida a sus ancianos no tiene futuro”.

4. Jugar con los chicos: “El consumismo nos llevó a esa ansiedad de perder la sana cultura del ocio, leer, disfrutar del arte. Ahora confieso poco, pero en Buenos Aires confesaba mucho y cuando venía una mamá joven le preguntaba: ´¿Cuántos hijos tenés? ¿Jugás con tus hijos?´ Y era una pregunta que no se esperaba, pero yo le decía que jugar con los chicos es clave, es una cultura sana. Es difícil, los padres se van a trabajar temprano y vuelven a veces cuando sus hijos duermen, es difícil, pero hay que hacerlo”.

5. Compartir los domingos con la familia: “El otro día, en Campobasso, fui a una reunión entre el mundo de la universidad y el mundo obrero, todos reclamaban el domingo no laborable. El domingo es para la familia”.

6. Ayudar a los jóvenes a conseguir empleo: “Hay que ser creativos con esta franja. Si faltan oportunidades, caen en la droga. Y está muy alto el índice de suicidios entre los jóvenes sin trabajo. El otro día leí, pero no me fío porque no es un dato científico, que había 75 millones de jóvenes de 25 años para abajo desocupados. No alcanza con darles de comer: hay que inventarles cursos de un año de plomero, electricista, costurero. La dignidad te la da el llevar el pan a casa”.

7. Cuidar la naturaleza: “Hay que cuidar la creación y no lo estamos haciendo. Es uno de los desafíos más grandes que tenemos”.

8. Olvidarse rápido de lo negativo: “La necesidad de hablar mal del otro indica una baja autoestima, es decir: yo me siento tan abajo que en vez de subir, bajo al otro. Olvidarse rápido de lo negativo es sano”.

9. Respetar al que piensa distinto: “Podemos inquietar al otro desde el testimonio, para que ambos progresen en esa comunicación, pero lo peor que puede haber es el proselitismo religioso, que paraliza: ´Yo dialogo contigo para convencerte´, no. Cada uno dialoga desde su identidad. La Iglesia crece por atracción, no por proselitismo”.

10. Buscar activamente la paz: “Estamos viviendo en una época de mucha guerra. En África parecen guerras tribales, pero son algo más. La guerra destruye. Y el clamor por la paz hay que gritarlo. La paz a veces da la idea de quietud, pero nunca es quietud, siempre es una paz activa”




viernes, 15 de agosto de 2014

El sabio es sensible a la grandeza del ser humano

Saber es saborear: ser sabio, según la Escritura, es saborear
la vida desde la confianza en Dios.

El sabio se preocupa de saber cómo conducir la vida para obtener la verdadera
felicidad.
Es el experto en el arte del bien vivir.
Se trata de un investigador del sentido profundo de las de las cosas: lanza al mundo una mirada lúcida; sabe lo que se oculta en el corazón humano.

El sabio es sensible  a la grandeza del ser humano: «El Señor formó al hombre de la tierra...lo revistió de un poder como el suyo y lo hizo a su propia imagen...les concedió inteligencia y en herencia una Ley que da vida; hizo con ellos alianza eterna enseñándoles sus mandamientos...»(Eclo 6,24
17,14).

Pero el sabio es consciente también de su debilidad: «Dios ha repartido una gran fatiga y un yugo pesado a los hijos de Adán, desde que salen del vientre materno hasta que vuelven a la madre de los vivientes: preocupaciones, temor de corazón y la espera angustiosa del día de la muerte.» (Eclo 40,12)
Al sabio le angustia la pregunta acerca de la muerte:
 «¡Oh muerte, qué amargo es tu recuerdo para el que vive tranquilo con sus posesiones,  para el hombre contento que prospera en todo y tiene salud para gozar de los placeres!...» (Eclo 41,1 4).
El sabio desencantado que se esconde en el libro del Qohelet medita acerca de la impresión de vaciedad que le deja su vida:«¿Qué saca el hombre de todas las fatigas que lo agotan bajo el sol?

Una generación se va, otra generación viene, mientras la tierra siem-re está quieta. Sale el sol, se pone el sol, jadea por llegar a su puesto y de allí vuelve a salir. Camina al sur, gira al norte, gira y gira y camina el viento.
Todos los ríos caminan al mar y el mar no se llena; llegados al sitio adonde
caminan, desde allí vuelve a caminar.


El «temor de Dios» es una noción que refleja todo el comportamiento del creyente hacia Dios

Sabiduría y temor de Dios



Desde las más antiguas colecciones de Proverbios, aparece con claridad la
convicción de que tanto en los conocimientos como en los proyectos
del hombre se encuentra la voluntad de Dios:
«El hombre medita muchos planes, pero se cumple el designio de Dios»
(Prov 19,21).

Es necio y presuntuoso quien se muestra seguro de sí mismo creyendo
tener todo previsto y calculado: «No te tengas por sabio, teme al Señor y
evita el mal» (Prov 3,7).

Sabiduría y temor de Dios corren la misma suerte: el crecimiento en temor
de Dios hace crecer la sabiduría, como la maduración en la sabiduría
desarrolla el sentido del «temor de Dios».

El «temor de Dios» es una noción compleja que contiene prácticamente
todo el  comportamiento del creyente hacia Dios. No es sinónimo de pánico
ante su presencia o de miedo a un castigo por algún error que pueda cometer
el hombre.

El «temor de Dios», bien entendido, lleva al orante al respeto, a la confianza y al amor. Es reconocimiento y adoración al Dios que es totalmente Otro y que sin embargo se hace presente en la vida. Es la firme adhesión del creyente a su Dios porque ha experimentado la presencia, el poder benéfico y la fidelidad divina a pesar de los pecados humanos.

La expresión «temor de Dios» se aproxima a lo que nosotros designamos
como «sentido religioso».
Puede dominar el aspecto moral de «guardar los mandamientos», pero tiene más bien la dimensión positiva que lo hace comprender como «respeto reverencial» o como «adoración gozosa». Así se comprende el himno que el libro del Eclesiástico le dedica en el primer capítulo y que es una clave para comprender todo lo que sigue. Para el Sirácida la verdadera sabiduría que conduce a la perfecta alegría y a la plenitud de la vida humana comienza y culmina en el temor de Dios.

El temor del Señor es gloria, honor deleite y corona de alegría.
El temor del Señor alegra el corazón, da larga  vida
El que teme al Señor tendrá un buen final, el día de su muerte será bendecido.

Principio de la sabiduría es temer  al Señor temer  al Señor, acompaña a los fieles desde el seno materno.
Entre los hombres estableció su morada para siempre, y con su descendencia se mantendrá fiel.

Plenitud de la sabiduría es temer  al Señor, ella embriaga a los fieles de sus frutos, llena toda su casa de tesoros y de sus productos sus graneros.

Corona  de sabiduría es el temor del Señor en ella florecen paz y bienestar.
El Señor la vio y la midió; él hace llover ciencia e inteligencia, y exalta la gloria de los que la poseen.

Raíz de la sabiduría es temer al Señor sus ramas son larga vida.
 (Eclo 1,11-20)



jueves, 14 de agosto de 2014

Te colmaré de bendiciones y te acrecentaré en gran manera

La promesa de Dios realizada en Jesús 
(Hebreos 6, 13-20)

Cuando Dios hizo la Promesa a Abraham, no teniendo a otro mayor por quien jurar, juró por sí mismo diciendo: ¡Sí!, te colmaré de bendiciones y te acrecentaré  en gran manera. Y perseverando de esta manera, alcanzó la Promesa.
Pues los hombres juran por uno superior y entre ellos el juramento es la garantía que pone fin a todo litigio.
Por eso Dios, queriendo mostrar más plenamente a los herederos de la Promesa la inmutabilidad de su decisión, interpuso el juramento, para que, mediante dos cosas inmutables por las cuales es imposible que Dios mienta, nos veamos más poderosamente animados los que buscamos un refugio, asiéndonos a la esperanza propuesta, que nosotros tenemos como segura y sólida ancla de nuestra alma, y que penetra hasta más allá del velo, adonde entró por nosotros como precursor Jesús, hecho, a semejanza de Melquisedec, Sumo Sacerdote para siempre