miércoles, 4 de febrero de 2015

Espíritu Santo, inspíranos, para que pensemos santamente. Espíritu Santo, incítanos, para que obremos santamente. Espíritu Santo, atráenos, para que amemos las cosas santas. Espíritu Santo, fortalécenos, para que defendamos las cosas santas. Espíritu Santo, ayúdanos, para que no perdamos nunca las cosas santas.

Oración para iluminar la mente de nuestros hijos


Señor ilumina la mente 
de nuestros hijos para que 
conozcan el camino que tú 
has querido para ellos, 
para que te puedan dar gloria 
y alcancen la salvación. 
Sosténlos con tu fuerza, 
para que alienten en su vida
los ideales de tu Reino. 
Ilumínanos también a nosotros, 
sus padres, para que les ayudemos 
a reconocer su vocación cristiana 
y a realizarla generosamente, 
colaborando con tus inspiraciones 
interiores. Amén

martes, 3 de febrero de 2015

Este es el día que hizo el Señor, nos gozaremos y nos alegraremos en él y celebraremos tu cumpleaños Juan Miguel



Dejemos que el cielo sature nuestros pensamientos

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 Es el lugar donde se ensancha la visión de un Dios grande y poderoso.
-         Donde todo argumento humano se desmorona.
-         Donde encontramos consuelo, paz, seguridad, fortaleza y libertad de las aflicciones. 
-         Donde encontramos luz y transparencia. 
-         Donde se afirma su Palabra en nosotros.
-         Donde se activan los recursos del Espíritu, los dones y las gracias en nosotros. (palabra de sabiduría, palabra de ciencia, dones de sanidades, de fe, hacer milagros, profecía, discernimiento de espíritus, interpretación de lenguas, diversos géneros de lenguas). 
-         Donde nuestra fe se renueva y recibimos fervor para ser testigos de Jesucristo.
-         Donde recibimos claridad para entender y encontrar la salida a cada uno de nuestros problemas, la dirección precisa.
-         Donde recibimos revelación, reflexión y sabiduría.
-         Donde recibimos el continuo renuevo y llenura del Espíritu Santo.
-         Donde somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. 

Anhelemos buscar el rostro de Dios, la presencia de Dios. Sin la presencia de Dios no podemos ir a ningún lado. Con la presencia de Dios podemos vivir de fe en fe, de gloria en gloria, de verdad en verdad.


Con sólo tocar su manto quedaré curada. Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal. Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: "¿Quién tocó mi manto?" Mc 5, 28-30


En territorio judío tienen lugar doce milagros de Jesús, de los que once suceden  en Galilea (norte del país) y sólo uno en Judea (al sur).

En Galilea actúa Jesús en la sinagoga de Cafarnaún expulsando de un hombre un espíritu inmundo (1,21b-28); en casa de Simón y Andrés cura a la suegra de aquél (1,29,31); en el mar calma la tempestad (4,35-5,1); en un lugar indeterminado de la orilla oeste del lago cura a la hemorroisa y reanima a la hija de Jairo (5,21-34); y, en un despoblado, reparte por primera vez panes y peces a la multitud (6,33-46). A veces el evangelista no indica el lugar exacto donde Jesús actúa como es el caso de la curación de un leproso (1, 39-45) o el de la curación del niño epiléptico (9, 14-29). 

lunes, 2 de febrero de 2015

El Evangelio cambia el corazón y la vida, asegura el Papa Francisco



“El Evangelio es palabra de vida: no oprime a la persona, al contrario, libera a cuantos están esclavos de tantos espíritus malvados de este mundo: la vanidad, el amor al dinero, el orgullo, la sensualidad”.

El cristiano brilla como luz en las tinieblas




El cristiano es una luz que brilla en las tinieblas, la sal de la vida para el mundo que no tiene sabor, la esperanza en medio de una humanidad que ha perdido la esperanza.  Pero como dice el Evangelio, si la sal pierde su sabor, no sirve para nada, hay que botarla y si la lámpara encendida se coloca debajo del celemín, no alumbra, no cumple su función de iluminar.  Por lo tanto, es importante que nos hagamos conscientes de esta realidad  a la que estamos llamados como miembros vivos de la Iglesia.