jueves, 9 de noviembre de 2017
El hecho del sufrimiento indudablemente constituye el desafío individual más grande a la fe cristiana. John Stott
El mal y el sufrimiento pueden despertar en nosotros un hambre mayor por el cielo y por aquel tiempo cuando los propósitos de Dios para estas experiencias puedan haberse cumplido finalmente, cuando el dolor y la pena hayan concluido (Ap. 21:4).
El corazón del hombre se fija un trayecto, pero el Señor asegura sus pasos.
No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios.
Entonces la paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, tomará bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús.
miércoles, 8 de noviembre de 2017
Son bastantes los hombres y mujeres que se inician hoy de nuevo en la meditación y se esfuerzan por recuperar el silencio interior.
La oración que nace desde la conciencia de la propia indignidad, es la oración que desata la ternura de Dios y que es, en definitiva, suficiente para la mayoría de nosotros.
Si incluso un juez tan perezoso y negligente, por conseguir la tranquilidad acaba por hacer justicia a la pobre mujer que se la pide perseverantemente hace tanto tiempo, cuánto más el Padre de los cielos atenderá la oración paciente y perseverante de sus elegidos.
San Lucas muestra la necesidad de sus fieles, insiste en la perseverancia de la viuda, en la oración como modelo para los cristianos. Así mismo el poder de intercesión de Moisés (Ex 18, 8-13) en el combate entre Amalecitas e Israelitas. El signo de intercesión consiste para Moisés en mantener los brazos en alto. Tal fue su perseverancia, que hubo que sostenerle los brazos cuando éstos empezaron a pesarle. Y triunfa Josué. Moisés permanece en esta postura de intercesión hasta la puesta del sol. El buen resultado de su muda oración podía comprobarse: "Mientras Moisés tenía en alto sus brazos, vencía Israel; cuando los bajaba, vencía Amalec". La oración continua centrada en la fe y la sumisión a la voluntad de Dios ha sido el ideal de la Iglesia, y el "orad constantemente" (1 Tes 5, 17) se ha seguido en todo tiempo, con modalidades diversas. Hoy se invita al cristiano a que reflexione en su intensidad y su técnica de oración.
lunes, 6 de noviembre de 2017
La educación que se recibe en la familia, es sin duda decisiva para madurar.
Los padres no pueden estar siempre detrás de lo que hacen sus hijos, protegiéndoles o aconsejándoles a cada minuto. Han de estar cercanos, es cierto, pero el hijo ha de aprender a enfrentarse a solas con la realidad, ha de aprender a darse cuenta de que hay cosas como la frustración de un deseo intenso, la deslealtad de un amigo, la tristeza ante las limitaciones o defectos propios o ajenos..., son realidades que cada uno ha de aprender poco a poco a superar por sí mismo. Por mucho que alguien te ayude, al final siempre es uno mismo quien ha de asumir el dolor que siente, y poner el esfuerzo necesario para superar esa frustración.
No hay otro camino para la madurez que aprender a soportar los golpes de la vida. William Shakespeare
Porque la vida de cualquier hombre, lo quiera o no, trae siempre golpes. Vemos que hay egoísmo, maldad, mentiras, desagradecimiento. Observamos con asombro el misterio del dolor y de la muerte. Constatamos defectos y limitaciones en los demás, y lo constatamos igualmente cada día en nosotros mismos.
La experiencia de la vida sirve de bien poco si no se sabe aprovechar. El simple transcurso de los años no siempre aporta, por sí solo, madurez a una persona. Es cierto que la madurez se va formando de modo casi imperceptible en una persona, pero la madurez es algo que se alcanza siempre gracias a un proceso de educación —y de autoeducación—, que debe saber abordarse.
miércoles, 1 de noviembre de 2017
¿Cómo podemos ir al encuentro de Jesús? Nunca debemos olvidar que cuando hablamos de encontrarnos con Dios, lo que tenemos que hacer es entrar en nuestro corazón y preguntarnos si nos estamos encontrando con Él en lo más profundo de nosotros mismos.
¿Cómo podemos realizar este encuentro? Si el encuentro tiene que ser interior, el hombre, en su tender hacia Dios, debe ser capaz de hacerlo libremente. Y para lograr esto, como dice el Papa, es necesario que "el hombre pueda distinguir el bien del mal. Y esto sucede, ante todo, gracias a la luz de la razón natural, reflejo en el hombre del esplendor del rostro de Dios”. (Veritatis Splendor, n. 42).
Todos tenemos en nuestro interior un don, que no es otra cosa sino el reflejo del esplendor del rostro de Dios. La inteligencia es un regalo dado por Dios al hombre para que el hombre pueda encontrarse con Él. Nuestra razón no está simplemente llamada a ver, sino también a buscar cuál es el bien y cuál es el mal. Dios ha querido regir el mundo con una norma, que es su ley: “La ley eterna, objetiva y universal mediante la cual Dios ordena, dirige y gobierna con el designio de su sabiduría y de su amor, el mundo y los caminos de la comunidad humana”. (Dignatis humanae, 3).
El ser humano no se encuentra con Dios de una forma automática, sino que con su libertad puede responder al amor de Dios. Es así el modo en el cual Dios Nuestro Señor es providente con el hombre. Lo vemos en el Evangelio del centurión: Cuando Cristo va a curar al siervo, se encuentra con que el centurión es providente a través de su fe, es decir, a través de su querer, de su libertad que se pone en contacto con Dios.
¿Cómo es Dios providente con nuestra familia? No simplemente dándonos cosas materiales para comer y para vivir. Dios es providente con nuestras familias especialmente en base a nuestra libertad que decide amar. Amar a este hombre o a esta mujer, amar a estos hijos, amar a mi entorno. "El hombre se hace partícipe de la providencia de Dios siendo providente sobre sí y para los demás". (Veritatis Splendor n. 43).
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