viernes, 2 de agosto de 2019

¿Dónde podemos ir para experimentar la paz en un mundo que parece tener tan poco de ella?




Mantener nuestra paz en el Señor cada día es difícil por una serie de razones, pero luchamos más cuando la situación involucra a otras personas. Nos hieren, a sabiendas e inconscientemente. Ofenden nuestro orgullo. Podemos sentir que nos han pasado por alto, malinterpretado o tergiversado; que no recibimos algo que en verdad merecíamos o necesitábamos.
Nuestros hogares, lugares de trabajo e incluso nuestras iglesias, se caracterizan a menudo por la falta de paz, pero no tiene por qué ser así. A pesar de las circunstancias en nuestra vida, podemos permanecer tranquilos y jubilosos. Solo hay una solución para esta ansiedad: el perdón.

miércoles, 24 de julio de 2019

No permita que pecados como la ira, la inmoralidad o la amargura le roben la paz, Jesucristo como el Príncipe de Paz, nos enseña cómo podemos encontrar satisfacción interior y descanso verdadero por medio de una relación personal con El



La paz que Cristo da no se obtiene a la fuerza. En griego la palabra paz es eirene, la cual significa atar o unir, y da la idea de unidad sin conflicto ni abatimiento. De manera que recibimos la oferta de paz que Jesucristo ofrece al unirnos a Él.
Sin dicha relación personal, nunca disfrutaremos de paz genuina —sin importar todo lo que tengamos. Además, la ansiedad y la falta de tranquilidad pueden ocasionar dolencias físicas. Aunque intentemos buscar alivio en otras alternativas, nunca podremos encontrar paz separados de Cristo.
Cristo es la fuente de paz.
La paz de Cristo no es algo que podamos obtener por medio de nuestras obras, ya que es un regalo que Dios da a todos los que somos suyos. Cristo nos ha salvado y en ese momento establecemos una relación eterna con Cristo, y donde Él está, hay paz. Una de las evidencias de esa relación con el Príncipe de Paz es que venimos a ser pacificadores (Mt 5.9). Y la manera más básica de hacerlo, es al conectar a otras personas con Jesucristo, el mayor pacificador.

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo Jn, 14



Esta era no se caracteriza por paz, ni externa ni interna. Las personas sienten ansiedad debido a sus empleos, situación económica, relaciones interpersonales, entre otras cosas; pues el mundo no puede dar la paz que va más allá de las circunstancias. Solo puede ofrecer una paz aparente que se basa en la falsa promesa de que la paz llegará al obtener lo que se desea.

miércoles, 3 de julio de 2019

Hemos sido creados con personalidades y destrezas únicas; por tanto, el Padre celestial tiene un plan específico para cada uno de nosotros



Encomienda tus obras al Señor, y se realizarán tus proyectos. Prov 16,

Jesucristo es quien nos junta en un solo cuerpo, y el único que puede mantenernos unidos.



Los seres humanos hoy en día somos azotados por un problema antiguo: para decirlo con sutileza, se nos dificulta llevarnos bien. Por eso no faltan guerras, conflictos, discusiones y peleas en el mundo entero. Aunque podríamos esperar que este no sea el caso entre los cristianos, el apóstol Pablo dio testimonio de unidad, ellos como verdaderos creyentes que habían sido enriquecidos en todo a través de Cristo: en gracia, palabra, conocimiento y dones espirituales.

miércoles, 5 de junio de 2019

Jesucristo es la luz y ha venido para iluminar al mundo para que todo el que crea en él no ande en tinieblas (Jn 12,16); «creer en la luz para ser hijos de la luz» (Jn 12, 36). Los que creen están en la luz,



Creer que Jesucristo es el «YO SOY»: «Os lo he dicho, antes de que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy» (Jn 13,19; 8,24). 
Creer que Jesucristo es «el Señor» (1 Cor 12,3), «el Santo de Dios» (Jn 6,19), el pan de la vida el enviado para salvar al mundo. Por eso el que cree en el enviado cree en el que le ha enviado.
Creer que el Padre está en el Hijo y el Hijo en el Padre, y ambos que se realiza en la unidad substancial. Por tanto, creer en Dios es creer en Jesucristo.

lunes, 3 de junio de 2019

Novena breve al Espíritu Santo



Oraciones para todos los días
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor. Oh, Dios, que con la luz del Espíritu Santo iluminas los corazones de tus fieles, concédenos que guiados por el mismo Espíritu, disfrutemos de lo que es recto y nos gocemos con su consuelo celestial.
1º Don
Ven, Espíritu Santo, por tu don Sabiduría, concédenos la gracia de apreciar y estimar los bienes del cielo y muéstranos los medios para alcanzarlos. Gloria...
2º Don
Ven, Espíritu Santo, por tu don de Entendimiento, ilumina nuestras mentes respecto a los misterios de la salvación, para que podamos comprenderlos perfectamente y abrazarlos con fervor. Gloria...
3º Don
Ven, Espíritu Santo, por tu don de Consejo, inclina nuestros corazones a actuar con rectitud y justicia para beneficio de nosotros mismos y de nuestros semejantes. Gloria...
4º Don
Ven, Espíritu Santo, por tu don de Fortaleza, fortalécenos con tu gracia contra los enemigos de nuestra alma, para que podamos obtener la corona de la victoria. Gloria...
5º Don
Ven, Espíritu Santo, por tu don de Ciencia, enséñanos a vivir entre las cosas terrenos para así no perder las eternas. Gloria.
6º Don
Ven, Espíritu Santo, por tu don de Piedad, inspíranos a vivir sobria, justa, y piadosamente en esta vida, para alcanzar el cielo en la otra vida. Gloria...
7º Don
Ven, Espíritu Santo, por tu dónde Temor de Dios, hiere nuestros cuerpos con tu temor para así trabajar por la salvación de nuestras almas. Gloria...
Oración
Oh Dios, que has unido las naciones en la confesión de tu nombre, concédenos que los que han renacido por el agua del bautismo, tengan la misma fe en sus corazones y la misma piedad en sus acciones.

Oh Dios, que enviaste el Espíritu Santo a los apóstoles, oye las oraciones de tus fieles para que gocen de la verdadera paz, quienes por tu gracia, han recibido el don de la verdadera fe. Te suplicamos, Oh Dios, que tu Santo Espíritu encienda en nuestros corazones esa llama que Cristo trajo a la tierra y deseó ardientemente fuera encendida.
Inflama, Oh Señor, nuestros corazones con el fuego del Espíritu Santo, para que te sirvamos castos de cuerpo y limpios de corazón. Enriquece, Señor, nuestros corazones derramando con plenitud tu Santo Espíritu por cuya sabiduría fuimos creados y por cuya providencia somos gobernados.
Te suplicamos, Oh Dios Todopoderoso y Eterno, que tu Santo Espíritu nos defienda y habite en nuestras almas, para que al fin, seamos los templos de su gloria.
Te pedimos, Señor, que según la promesa de tu Hijo, el Espíritu Santo nos lleve al conocimiento pleno de toda la verdad revelada.

Por Cristo Nuestro Señor. Amén.