viernes, 27 de septiembre de 2019
miércoles, 25 de septiembre de 2019
Permite que Dios supla todas nuestras necesidades
«Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que … abundéis para toda buena obra» (2 Corintios 9:8).
Dios puede satisfacer todas nuestras necesidades de manera que estemos en condiciones de ayudar a otros en las suyas. Él sabe lo que hay en nuestro corazón: si es ayudar a otros, Él hará abundar sus bendiciones; si no, no pasa nada. Una de las razones por las que Dios nos bendice, es para bendecir a otros. Cuando bendecimos a otros, con la bendición de Dios, la bendición de Dios retorna a nosotros. Esta bendición que retorna a nosotros, quiere Dios que nuevamente continúe con el ciclo de bendecir a otros, y así la corriente de bendición nunca disminuirá.
Nos toca usar nuestra confianza en Dios para probar cada día sus provisiones. Nos toca confiar en el poder de Dios que hará que abunde en nosotros toda gracia de provisiones. La Fuente es Dios; es Fuente inagotable. David dijo: «Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo» (1 Crónicas 29:12).
¿Confiamos en que Dios suplirá todo lo que necesitamos? Tengamos fe en que lo hará
«Señor, ayúdame a confiar en tus planes y en tu provisión».
«Señor, ayúdame a confiar en tus planes y en tu provisión».
«La voluntad de Dios hecha a la manera de Dios nunca carecerá de la provisión de Dios».
. No solo debemos saber lo que desea el Señor que hagamos, sino cuándo. El tiempo de Dios es esencial en la vida del cristiano
O vivimos en la voluntad de Dios o fuera de ella. Casi siempre, al pensar en su voluntad, ponemos nuestro enfoque en cómo descubrirla, pero mucho más importante es que decidamos obedecer su voluntad revelada. Puede que el camino sea rocoso, pero no debemos permitir que los obstáculos nos impidan vivir de acuerdo al plan del Señor.
viernes, 2 de agosto de 2019
¿Dónde podemos ir para experimentar la paz en un mundo que parece tener tan poco de ella?
Mantener nuestra paz en el Señor cada día es difícil por una serie de razones, pero luchamos más cuando la situación involucra a otras personas. Nos hieren, a sabiendas e inconscientemente. Ofenden nuestro orgullo. Podemos sentir que nos han pasado por alto, malinterpretado o tergiversado; que no recibimos algo que en verdad merecíamos o necesitábamos.
Nuestros hogares, lugares de trabajo e incluso nuestras iglesias, se caracterizan a menudo por la falta de paz, pero no tiene por qué ser así. A pesar de las circunstancias en nuestra vida, podemos permanecer tranquilos y jubilosos. Solo hay una solución para esta ansiedad: el perdón.
miércoles, 24 de julio de 2019
No permita que pecados como la ira, la inmoralidad o la amargura le roben la paz, Jesucristo como el Príncipe de Paz, nos enseña cómo podemos encontrar satisfacción interior y descanso verdadero por medio de una relación personal con El
La paz que Cristo da no se obtiene a la fuerza. En griego la palabra paz es eirene, la cual significa atar o unir, y da la idea de unidad sin conflicto ni abatimiento. De manera que recibimos la oferta de paz que Jesucristo ofrece al unirnos a Él.
Sin dicha relación personal, nunca disfrutaremos de paz genuina —sin importar todo lo que tengamos. Además, la ansiedad y la falta de tranquilidad pueden ocasionar dolencias físicas. Aunque intentemos buscar alivio en otras alternativas, nunca podremos encontrar paz separados de Cristo.
Cristo es la fuente de paz.
La paz de Cristo no es algo que podamos obtener por medio de nuestras obras, ya que es un regalo que Dios da a todos los que somos suyos. Cristo nos ha salvado y en ese momento establecemos una relación eterna con Cristo, y donde Él está, hay paz. Una de las evidencias de esa relación con el Príncipe de Paz es que venimos a ser pacificadores (Mt 5.9). Y la manera más básica de hacerlo, es al conectar a otras personas con Jesucristo, el mayor pacificador.
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