viernes, 20 de octubre de 2017

Uno de los deseos más grandes de Dios para nosotros es que aprendamos a confiar en su sabiduría y su tiempo de hacer las cosas


La fe requiere confianza plena en Dios, incluso cuando no entendemos por qué ha permitido que las circunstancias se den de cierto modo. Piense en todos los hombres y mujeres en la Biblia que confiaron en el Señor y ganaron una victoria maravillosa: Moisés, David, Ester, Jeremías, Elías, los discípulos, María y tantos más. Jamás deberíamos obedecer a Dios con la intención mezquina de manipular nuestra situación. Dios conoce nuestros corazones. Si estamos rendidos a Él, nuestra devoción será evidente y Él procederá a obrar para nuestro bien.

Cuando usted tiene una necesidad insatisfecha, lo primero que necesita hacer es orar y decirle al Señor qué enfrenta.



Dios tiene toda la sabiduría, el poder y la capacidad necesarios para cumplir lo que nos ha prometido. También ha demostrado integridad, pues siempre cumple sus promesas. Él es absolutamente fiel a su Palabra; es santo e inmutable; Él nunca cambia. Sus mandamientos, estatutos y promesas no se han transformado; son el reflejo de nuestro Dios inmutable. Él «es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos» He 13, 8.

martes, 17 de octubre de 2017

Pues el Dios que ha dicho: brille la luz en medio de las tinieblas, es el que ha encendido esa luz en nuestros corazones para que irradiemos el conocimiento de la gloria de Dios que está reflejada en el rostro de Cristo» (2Cor 4,6-10).


La sabiduría, en efecto, no es la más alta posibilidad de la vida cristiana. El desarrollo último del conocimiento de Dios lo procura el amor que es lo que nos introduce en el misterio insondable de Dios. «Pero el saber engríe: sólo el amor es de verdad provechoso. Si alguno cree que sabe
algo, es que todavía ignora cómo hay que saber. Pero si ama a Dios, entonces Dios está unido a él» (ICor 8, 1-11). 

lunes, 16 de octubre de 2017

Hay que seguir copiando de la mujer cananea, por encima del rechazo, el amor a su hija y la confianza absoluta en Aquél a quien se dirigía resolvió a su favor la situación, que no se le presentaba favorable.


¡Qué bueno es orar! Hoy también. En medio del trasiego y la prisa, entre el ruido y el  aturdimiento, a pesar del trabajo, por encima de los compromisos sociales y de las  diversiones, en los días hábiles y en los de ocio, en el campo y en la ciudad, en casa y en  el templo, ¡qué bueno encontrar sitio y hora para rezar! Un cristiano apenas podría  explicarse sin esos momentos de oración sincera, calmada y reconfortante. Como un  hombre apenas puede explicarse sin esos momentos de conversación sincera, pausada y  reconfortante con los otros hombres y, sobre todo, con aquéllos con los que comparte  ilusiones y proyectos.

sábado, 14 de octubre de 2017

Descubrir la Presencia de Dios en lo que me va sucediendo. Abrir los sentidos y la sensibilidad a lo que procede de Dios


Que nuestro servicio y entrega a los demás no sea tanto una demostración de nuestras capacidades sino ayuda al otro, al más débil, al que incomoda, al necesitado con misericordia y humildad. Experimentar la pobreza, la ascesis del presente. Así nos iremos desposeyendo, siendo más gratuitos e incondicionales. Nos sacará de nuestro amor propio y de nuestro interés.
Recuperar toda la alegría escondida en las pequeñas cosas, que salen a nuestro paso.

Hay que tener experiencia profunda de Dios para tener una mirada profunda. Cuidar el lugar que Dios ocupa en mi vida.



Espacios y tiempos para reconocer el paso de Dios en mi vida y para mantener fresca la memoria de Dios. Mantener viva la conciencia de que Dios está pasando por mi vida.
La oración hace visible que Dios es protagonista de mi vida. Me lleva al Encuentro. No es buena o mala según cómo me haya salido. La experiencia espiritual va más allá de la sensibilidad.
Ser constantes en la vida espiritual cuando las cosas no vayan bien, en los inviernos de nuestra vida. Resistir en los tiempos recios.

Jesús trabaja en nuestros corazones para sacar lo mejor de nosotros mismos; debemos ser capaces de descubrir el trabajo que Dios va haciendo


Cuando el Señor nos enseña a mirar con ojos nuevos, nuestro corazón se abre, se expande. Vivir así nos hará más fácil encontrarnos con Dios en la vida. Podemos vivir las cosas y los acontecimientos por la fe, como un regalo, que no es ajeno a nosotros.
El estilo de vida de cada uno condiciona el encuentro con Dios pues hay una continuidad entre vida espiritual y vida cotidiana. La experiencia espiritual se va haciendo creíble en lo cotidiano y en nuestro estilo de vida. Que nuestro estilo de vida nos vaya haciendo más contemplativos.