martes, 12 de diciembre de 2017

Oración a la Virgen de Guadalupe


¡Oh Virgen Inmaculada, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia! Tú, que desde este lugar manifiestas tu clemencia y tu compasión a todos los que solicitan tu amparo; escucha la oración que con filial confianza te dirigimos y preséntala ante tu Hijo Jesús, único redentor nuestro.
Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso, a ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores, te consagramos en este día todos nuestro ser y todo nuestro amor. Te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.
Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos; ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado, Señora y madre nuestra.
Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino de una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia: no nos sueltes de tu mano amorosa.
Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas, te pedimos por todos los obispos, para que conduzcan a los fieles por senderos de intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios y a las almas.
Contempla esta inmensa mies, e intercede para que el Señor infunda hambre de santidad en todo el Pueblo de Dios, y otorga abundantes vocaciones de sacerdotes y religiosos, fuertes en la fe, y celosos dispensadores de los misterios de Dios.


jueves, 7 de diciembre de 2017

La adoración es derramar el corazón a los pies del maestro. Un adorador es una persona que no se reserva nada delante de Dios, que lo da todo, quiebra su corazón y su vida en su presencia (Lc 7,36).



Dios quiere operar en nuestra mente y nuestro corazón, en donde recibimos lo que nos transforma, lo que edifica, lo que nos santifica, lo que no merecemos. Por esto es que la adoración verdadera puede llegar a doler, pero es un dolor  purificador, provocado por la mano de Dios obrando en nuestro ser; así como las brasas encendidas que el Señor puso en los labios de Isaías. (Isaías 6). En otras ocasiones la adoración verdadera toma la forma de una lucha en la que Dios siempre vence y de la que nosotros salimos como hombres nuevos

Digno de alabarte Señor, gloria y majestad sean a Tí rey de la creación



Los cristianos son llamados a gozar de la gloria de Dios, y a esta finalidad última deben tender sus esfuerzos (1 Cor 10,31; 2 Cor 4,17; 8,9). Cristo a los que creen en El comunica la gloria de Dios, que Él mismo había recibido del Padre (Rom 3,23).

sábado, 2 de diciembre de 2017

Se habla del Espíritu que invade (Nm 24, 2), llena (Dt 34, 9), se apodera de (Jc 6, 34), empuja (Jc 13, 25), irrumpe sobre (Jc 14, 6. 19), se aparta de y se adueña de (1 Sam 16, 14ss), lleva lejos (1 Re 18, 12), arroja (2 Re 2, 16), se derrama desde arriba (Is 32, 15), entra en (Ez 2, 2), levanta y arrebata (Ez 3, 14), conduce (Ez 8, 3), cae sobre (Ez 11, 5)... Verbos que no hacen referencia a algo, sino a Alguien que actúa



Este Espíritu desciende para capacitar a aquellos que deben realizar una misión en nombre de Dios, a favor del pueblo. Al igual que en Moisés, «en Josué, hijo de Num, está el Espíritu» (Nm 27, 18; Dt 34, 9) para introducir al pueblo en la tierra prometida. Otro tanto sucede con los jueces, personajes carismáticos suscitados por Dios para liberar a Israel de los peligros en que se encontraba continuamente por culpa de sus propios pecados.
El Espíritu de Dios es llamado, también «Espíritu de profecía» por su estrecha relación con los Profetas: Él los suscita y los «inspira» para que vean, comprendan y hablen (Is 59, 21; Ez 3, 12. 14. 24...). Porque el Espíritu los ilumina, pueden ver y comprender lo que los demás no entienden; porque el Espíritu actúa en ellos, realizan gestos poderosos en nombre de Dios y se cumple lo que anuncian. Isaías habla 50 veces de la Ruah y Ezequiel 46. Ellos, iluminados y movidos por el Espíritu, interpretan en este mismo Espíritu, que actúa también fuera de Israel y de forma sorprendente mueve los corazones, la historia... para que se realice el proyecto de Dios. Nos presentan el Espíritu de Dios como aquél que purifica los corazones, penetra en la interioridad, santifica al pueblo de Dios y realizará la salvación definitiva, escatológica, para todos los pueblos, cuando -al derramarse el Espíritu sobre todos- Dios lo será todo en todos. Hablan del Espíritu que realizará una nueva Creación, un nuevo Éxodo, una nueva Alianza, un nuevo Pueblo de Dios.

María madre, la mujer de la que nació Jesús para ser uno de los nuestros (Gal 4,4-5). Por eso, porque María está unida a su Hijo, forma parte con él de la historia de la salvación


Dios se ha propuesto ir liberando a los hombres de la muerte y del pecado. San Lucas nos la presenta como la Hija de Sión (expresión que, en el Antiguo Testamento, servía para designar al pueblo de Israel y que convierte a la Madre de Jesús en símbolo de la Iglesia) y nos la pinta hablando en el Magníficat con frases de los Salmos (Lc 1,46-55).

miércoles, 29 de noviembre de 2017

'Temer al Señor es la sabiduría'" (Job 28,28)

La Escritura llama comienzo al temor inicial, al cual sigue el temor perfecto, el de los santos. Ese temor inicial es el nuestro. Como un esmalte sobre el metal, guarda al alma de todo mal, según está escrito: Todo hombre se aleja del mal por el temor del Señor (Pr 15, 27). Aquel que se aparta del mal por temor al castigo, como un esclavo asustado de su señor, comienza progresivamente a hacer el bien, y poco a poco pasa a esperar una recompensa por sus buenas obras. Y si continua huyendo del mal por temor, como el esclavo, y después haciendo el bien con la esperanza de una ganancia perseverando así en la virtud, con el auxilio de Dios y uniéndose cada vez más a él, terminar por gustar del verdadero bien, y al tener una cierta experiencia de él, no querrá ya separarse nunca más. ¿Quién podrá entonces, como dice el Apóstol, separarlo del amor de Cristo. Entonces alcanzar la perfección del hijo, amar el bien por el bien mismo, y temer porque ama. Y tal es el temor grande y perfecto.

lunes, 27 de noviembre de 2017

ORACION DE ABANDONO




Padre, en tus manos me pongo,
haz de mi lo que quieras.
Por todo lo que hagas de mi, te doy gracias.
Estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo,
con tal de que Tu voluntad se haga en mí
y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Dios mío.
Pongo mi alma entre Tus manos, te la doy, Dios mío,
con todo el ardor de mi corazón porque te amo,
y es para mi necesidad de amor el darme,
el entregarme entre tus manos sin medida,
con infinita confianza,
porque Tu eres mi Padre.