jueves, 18 de abril de 2019

Preciosa sangre me purificó, gracias Señor, Preciosa sangre que me transformó gracias Jesús


¡Generoso Amigo, que das la vida por tus amigos! ¡Buen Pastor, que te entregaste a la muerte por tus ovejas!. ¡Y nosotros no éramos amigos, sino pecadores! Jesucristo por su santidad inmaculada, más blanco que la nieve.
 "¡Sangre y fuego, inestimable amor!", exclamaba Santa Catalina de Siena. "La flor preciosa del cielo, al llegar la plenitud de los tiempos, se abrió del todo y en todo el cuerpo, bañada por rayos de un amor ardentísimo. La llamarada roja del amor refulgió en el rojo vivo de la Sangre" (SAN BUENAVENTURA, La vid mística, 23).

Preciosa sangre se derramó, fluyó por amor sobre Tí el dolor tus venas lloraron Jesús, hay poder en la sangre


La sangre real de Cristo (Lc. 1, 32; Apoc. 22, 16), divina y humana, sangre preciosa, precio del mundo, había realizado el milagro. El rescate fabuloso estaba pagado. "Nada es capaz de ponérsele junto para compararla, porque realmente su valor es tan grande que ha podido comprarse con ella el mundo entero y todos los pueblos" (San Agustín).

miércoles, 3 de abril de 2019

Cristo viene a vivir en nosotros a través del Espíritu Santo. Su poder fluye en nosotros cuando sometemos cada aspecto de nuestra vida a su autoridad —incluyendo nuestros planes, deseos y futuro.


Obediencia. No podemos esperar que el poder de Dios fluya a través de nosotros cuando estamos viviendo en pecado o justificando la obediencia parcial.



Fe en Dios y en su Palabra. Es esencial creer que las Sagradas Escrituras son del todo verdaderas y suficientes para la vida y la piedad. Cada vez que se comienza a cuestionar la  suficiencia o claridad de la Biblia, significa que se ha negado la fuente de su poder.
Oración. Dios obra a nuestro favor cuando le traemos con humildad nuestras necesidades y nos sometemos a su voluntad.
Dependencia de Dios. El Señor Jesús dijo que aparte de Él, no podemos hacer nada de valor espiritual Jn 15, 5. De hecho, el poder de Dios se perfecciona en nosotros cuando somos débiles y confiamos por completo en Él 2 Co 12, 9.

miércoles, 27 de marzo de 2019

La esencia de la humildad evangélica no está en considerarme más ni en considerarme menos, sino en pensar menos en uno mismo



Olvidarse de sí es poner a Dios y al prójimo en el centro de nuestro corazón y de nuestra mente. “Padre nuestro que estás en los cielos” es un remedio ideal para sanarnos del egocentrismo, y de lo que nos impide dormir por las noches por la preocupación de lo que traerá el futuro. El “venga tu reino” orienta nuestras peticiones hacia la obra más grande de Dios en el mundo, en vez de enfocarla hacia nuestras comodidades. La oración fertiliza la confianza inquebrantable en la que crece saludablemente el olvido de nosotros mismos. Si Dios se preocupa por nosotros, ¿por qué angustiarnos? “Vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mt 6:32, 33).
Orar significa olvidarnos de nosotros mismos. Así que cuando oremos, confiemos en la memoria de Dios —Él nunca olvida un nombre o una necesidad.

martes, 19 de marzo de 2019

Yo mismo cuidaré y velaré por mi rebaño, lo buscaré por los lugares por donde anda disperso en los días de tormenta, lo apacentaré con buenos pastos y lo llevaré a descansar... Y haré con él una alianza de paz: Yo estoy con ellos y ellos son mi pueblo



El auténtico pastor no se queda encerrado en su oficina o en su casa, ni recibe a los  suyos después de largas antesalas. Sale de sí mismo, trata de mirar con ojos distintos, de  descubrir qué anda mal y qué se puede mejorar o cambiar. No espera a ser llamado: acude  allí donde alguien lo necesita. Por eso conoce a los suyos: porque vive y comparte su  situación, su necesidad, su miseria, su enfermedad, su ignorancia o su debilidad.
Tampoco se siente distinto ni busca motivos de distinción o privilegio; se siente parte del  pueblo y miembro activo de la comunidad; acorta las distancias, dialoga con el pueblo con  simplicidad y sin aires de doctor. Bien lo dice el Señor: «Yo estoy con ellos y ellos son mi  pueblo.» 
Por todo esto el rebaño reconoce pronto al auténtico pastor: porque lo ve con él,  actuando, trabajando, pensando, tomando iniciativas o escuchando con comprensión. De todo ello surge un nuevo concepto de comunidad cristiana: se trata de un grupo  integrado, donde se respeta la personalidad de todos y donde todos trabajan por el mismo  objetivo. No es una sociedad anónima ni una multinacional bancaria. Es un grupo que se  conoce en ese diario compartir las mismas inquietudes con absoluto desinterés lucrativo.