viernes, 7 de noviembre de 2014

Experimenta la poderosa presencia de Dios con esta antigua oración, bien tradicional de los grupos de oración.

Si puedes órala ante el sagrario. Está basada en La Palabra del libro de Josué: "A la señal dada (...) todo el pueblo prorrumpirá en fuertes gritos de guerra. Entonces los muros de la ciudad caerán sobre sí mismos" (Jos 6, 5).



•Lectura de la carta de San Pablo a los Efesios 6, 10 – 20

La armadura del cristiano
Por lo demás, fortalézcanse en el Señor con la fuerza de su poder.
Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las insidias del demonio.
Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio.
Por lo tanto, tomen la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo y mantenerse firmes después de haber superado todos los obstáculos.
Permanezcan de pie, ceñidos con el cinturón de la verdad y vistiendo la justicia como coraza.
Calcen sus pies con el celo para propagar la Buena Noticia de la paz.
Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, con el que podrán apagar todas las flechas encendidas del Maligno.
Tomen el casco de la salvación,  y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios.
Exhortación a la oración
Eleven constantemente toda clase de oraciones y súplicas, animados por el Espíritu. Dedíquense con perseverancia incansable a interceder por todos los hermanos, y también por mí, a fin de que encuentre palabras adecuadas para anunciar resueltamente el misterio del Evangelio, del cual yo soy embajador en medio de mis cadenas. ¡Así podré hablar libremente de él, como debo hacerlo!
SALMO 91 (90)
Tú que vives al amparo del Altísimo
y resides a la sombra del Todopoderoso,
di al Señor: "Mi refugio y mi baluarte,
mi Dios, en quien confío".
Él te librará de la red del cazador
y de la peste perniciosa;
te cubrirá con sus plumas,
y hallarás un refugio bajo sus alas.
No temerás los terrores de la noche,
ni la flecha que vuela de día,
ni la peste que acecha en las tinieblas,
ni la plaga que devasta a pleno sol.
Aunque caigan mil a tu izquierda
y diez mil a tu derecha,
tú no serás alcanzado:
su brazo es escudo y coraza.
Con sólo dirigir una mirada,
verás el castigo de los malos,
porque hiciste del Señor tu refugio
y pusiste como defensa al Altísimo.
No te alcanzará ningún mal,
ninguna plaga se acercará a tu carpa,
porque él te encomendó a sus ángeles
para que te cuiden en todos tus caminos.
Ellos te llevarán en sus manos
para que no tropieces contra ninguna piedra;
caminarás sobre leones y víboras,
pisotearás cachorros de león y serpientes. 
 "Él se entregó a mí,
por eso, yo lo libraré;
lo protegeré, porque conoce mi Nombre;
me invocará, y yo le responderé.
Estaré con él en el peligro,
lo defenderé y lo glorificaré;
le haré gozar de una larga vida
y le haré ver mi salvación".
•Lectura del Evangelio según San Lucas 1, 45 – 56
María dijo entonces:
"Mi alma canta la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,
porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora.
En adelante todas las generaciones me llamarán feliz,
porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:¡su Nombre es santo!
Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.
Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre"

•Oh, Padre celestial, en nombre de tu Hijo Nuestro Señor Jesucristo, te pido que el poder que le diste a Josué y a sus compañeros en los muros de Jericó, me sea dado a mi y a todos cuantos hagan esta oración. Te lo ruego, Señor!

Jesús, rompe todos los muros de plagas, adquiridas por la boca o por contaminaciones, desde mis  antepasados y hasta nuestros días.

Jesús, rompe todos los muros de maldiciones venidas de mis antepasados hasta el día de hoy.

Jesús, rompe todos los muros de egoísmo, de celos, de vicios, sean ellos del origen que sean.

Jesús, rompe los muros de las peleas, contiendas, disoluciones de casamientos, de familias, de grupos parroquiales, de ministerios y de todo tipo de desunión.

Jesús, rompe los muros de las dificultades financieras, falta de empleo, problemas en el trabajo, falta de dinero y todas las dificultades del tipo que sean.

Jesús, rompe los muros de enfermedades, del tipo que sean, principalmente del cáncer, leucemia, depresión, sida, alcoholismo, drogas, prostitución, homosexualidad y degenerativas.

Jesús, rompe los muros de los malos pensamientos, iluminaciones, astucia de satanás, en mi mente.

Jesús, rompe toda acción de satanás en mi vida espiritual y haz que sea totalmente renovado por tu Sangre derramada en la Cruz.

Jesús, rompe todo ocultismo, en mi pasado y en la actualidad, sea este de magia, sortilegio, dependencia, pacto, entrega a entidades sean estas del origen que sean.

Jesús, rompe todos los muros que impiden la obra de Dios en mi vida.

Señor te entrego mi vida a Ti, para que haya un nuevo Pentecostés en mí y yo creo en tu victoria que es también la mía. Amén.


ALMO 68 (67)
¡Se alza el Señor! Sus enemigos se dispersan
y sus adversarios huyen delante de él.
Tú los disipas como se disipa el humo; como se derrite la cera ante el fuego,
así desaparecen los impíos delante del Señor.
Pero los justos se regocijan, gritan de gozo delante del Señor
y se llenan de alegría.
¡Canten al Señor, entonen un himno a su Nombre!
¡Ábranle paso al que cabalga sobre las nubes! Su Nombre es "el Señor":
¡griten de alegría en su presencia!
El Señor en su santa Morada es padre de los huérfanos y defensor de las viudas:
él instala en un hogar a los solitarios y hace salir con felicidad a los cautivos,
mientras los rebeldes habitan en un lugar desolado. 
Señor, cuando saliste al frente de tu pueblo, cuando avanzabas por el desierto,
tembló la tierra y el cielo dejó caer su lluvia,
delante del Señor —el del Sinaí— delante del Señor, el Dios de Israel.
Tú derramaste una lluvia generosa, Señor:
tu herencia estaba exhausta y tú la reconfortaste; allí se estableció tu familia,
y tú, Señor, la afianzarás por tu bondad para con el pobre.
El Señor pronuncia una palabra
y una legión de mensajeros anuncia la noticia:
"Huyen los reyes, huyen con sus ejércitos, y te repartes como botín los adornos de un palacio.
¡No se queden recostados entre los rebaños!
Las alas de la Paloma están recubiertas de plata, y su plumaje, de oro resplandeciente".
Cuando el Todopoderoso dispersó a los reyes,
caía la nieve sobre el Monte Umbrío. 
¡Montañas divinas, montañas de Basán,
montañas escarpadas, montañas de Basán!
¿Por qué miran con envidia, montañas escarpadas,
a la Montaña que Dios prefirió como Morada?
¡Allí el Señor habitará para siempre!
Los carros de guerra de Dios
son dos miríadas de escuadrones relucientes:
¡el Señor está en medio de ellos, el Sinaí está en el Santuario!
Subiste a la altura llevando cautivos, recogiste dones entre los hombres
—incluso entre los rebeldes— cuando te estableciste allí, Señor Dios.
¡Bendito sea el Señor, el Dios de nuestra salvación!
Él carga con nosotros día tras día; él es el Dios que nos salva
y nos hace escapar de la muerte.
Sí, Dios aplastará la cabeza de sus enemigos,
el cráneo de los que se obstinan en sus delitos.
Dice el Señor: "Los traeré de Basan, los traeré desde los abismos del mar,
para que hundas tus pies en la sangre del enemigo
y la lengua de tus perros también tenga su parte".
Ya apareció tu cortejo, Señor,
el cortejo de mi Rey y mi Dios hacia el Santuario:
los cantores van al frente, los músicos, detrás;
las jóvenes, en medio, van tocando el tamboril.
¡Bendigan al Señor en medio de la asamblea!
¡Bendigan al Señor desde la fuente de Israel!
Allí Benjamín, el más pequeño, abre la marcha
con los príncipes de Judá, vestidos de brocado,
con los príncipes de Zabulón y los príncipes de Neftalí.
Tu Dios ha desplegado tu poder: ¡sé fuerte, Dios, tú que has actuado por nosotros!
A causa de tu Templo, que está en Jerusalén,
los reyes te presentarán tributo.
Reprime a la Fiera de los juncos, al tropel de los toros y terneros:
que esos pueblos se rindan a tus pies,  trayendo lingotes de oro.
El Señor dispersó a los pueblos guerreros;
telas preciosas llegan de Egipto y Etiopía, con sus propias manos,
presenta sus dones a Dios.
¡Canten al Señor, reinos de la tierra, entonen un himno al Señor, Pausa
al que cabalga por el cielo, por el cielo antiquísimo!
Él hace oír su voz poderosa, ¡reconozcan el poder del Señor!
Su majestad brilla sobre Israel y su poder, sobre las nubes.
Tú eres temible, Señor, desde tus santuarios.
El Dios de Israel concede a su pueblo el poder y la fuerza.
¡Bendito sea Dios!

• Sea roto, destruido, arrasado, todo poder de Satanás y sus ángeles rebeldes sobre las personas o peticiones por las que oramos (proclamar con fe cada una de las intenciones).

• Que sea destruido, exterminado, neutralizado, todo poder del príncipe de las tinieblas, que viene persiguiendo, perjudicando, esclavizando, dominando a estas personas (situaciones), deseando su ruina espiritual, material; sembrando odio, orgullo, discordia, envidia, celos y rencor. Sea destruido y quebrado ahora.
Sea destruido, exterminado, neutralizado, todo espíritu de desunión en los hogares de estas personas, que vienen provocando discordia, odio, rencor, desentendimiento, orgullo, chismes y perjuicios.
Sea también quemado, destruido, derrumbado, todo y cualquier tipo de trabajo, lanzado, escrito, y/o hecho contra estas personas.
Sea también quemado y destruido todo el conocimiento anterior o actual del espiritismo, ocultismo, quimbanda, umbanda, mesa blanca, rosa cruz, mensana, seicho-noi, nueva era, masonería y supersticiones.
Sean también quemados, exterminados destruidos, eliminados todos los dolores, las molestias corporales, mentales, espirituales, las opresiones y persecuciones diabólicas sobre mí (nosotros) y mi (nuestra) familia.
Sea destruido, aniquilado, quemado, neutralizado, todo el poder del príncipe de este mundo que pesa sobre mi (nosotros) y que viene provocando discordia, opresión, tristeza, depresión, angustia, soledad, falsas enfermedades, desunión, miedo, desánimo, envidia, odio, rebeldía, egoísmo, desentendimiento,  se acaben en este momento y para siempre.

Leer Josué 6

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