martes, 27 de enero de 2015

El principio fundamental de la verdadera prosperidad es simple. En realidad, se reduce a seis sencillas palabras: Dios es el dueño de todo



El Señor es también el dueño de la plata y el oro; en otras palabras, toda moneda le pertenece. El Salmo lo dice de manera diferente: Que Él es el dueño de “los millares de animales en los collados”.
Puesto que Dios reitera con insistencia que Él es el dueño de toda la creación, debemos reconocer esto cuando utilicemos sus recursos, incluyendo el dinero

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