martes, 26 de junio de 2018

Es Jesús quien dice: “Si alguno… abre… entraré a él”. No fuerza la puerta, sino que espera la respuesta. Abrir la puerta a Jesús es lo contrario de encerrarse en sí mismo, de querer resolver uno mismo sus problemas.


Al abrir y pedir a Jesús que entre en mi vida, recibo la luz de Dios.
Es, pues, un impulso de vida, de confianza en Dios.
¿Cómo podemos abrir la puerta de nuestra vida a Jesús?
Es necesario “el arrepentimiento para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo” 
(Hechos 20:21).
Arrepentirse es primeramente tomar conciencia de que estamos separados de Dios, alejados de él a causa de nuestras malas acciones, intenciones y aun malos pensamientos.
¿Ya confesó usted a Dios todas esas cosas que le ofenden y quizá pesan sobre su conciencia?

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