martes, 12 de enero de 2016

“Dame, hijo mío, tu corazón…” Proverbios 23, 26

¿Por qué el Señor pide el corazón? 

Porque ahí está el asiento de todas las emociones, verdaderas motivaciones, acciones y reacciones. Recuerda que el Señor siempre mira el interior, no lo que hacemos, sino el por qué hacemos las cosas, y ese por qué está en el corazón. Es usual encontrar que cuando experimentamos problemas en nuestra vida cristiana es porque hemos resistido voltear (entregar) el corazón a Dios. Miremos un ejemplo: La esencia de la oración no es la oración en sí misma, la oración es un diálogo. Si tengo un problema con alguien, y al momento de hablar vengo lleno de mis argumentos, pero no me dispongo a voltear el corazón para arreglar la situación con esa persona, ¿de qué sirve esa charla? De nada. Así es la oración, de nada sirve hablar, si junto con mis palabras no volteo el corazón hacia Dios; si al hablar con el Padre mi corazón no es volcado totalmente a Él, esa oración fue fetiche. …Aquí está la esencia de nuestra vida, en entregar a Él todo nuestro corazón. “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.” Proverbios 4:23 

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