martes, 13 de septiembre de 2016

Abandónate pues a sus brazos de amor y misericordia, como un niño en el regazo de su madre, y deja que sus manos, con esas llagas de amor por las que "hemos sido curados" (1 Pe 2, 24) toquen hoy tu interior y lleguen a lo más recóndito de tu corazón, y sanen completamente tus recuerdos, emociones, y todas las áreas de tu alma que se encuentren dañadas y te causen dolor.


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